Intervención Seminario Internacional El Sur de las Ciudades

- Por Leonel Yáñez Uribe, Chile -

Primero quiero agradecer la invitación que me ha hecho el ITP de acá de Munster. Para mí trabajar con los compañeros y compañeras de esta institución siempre es un agrado. Nos une una fuerte amistad y cariño.

Alvin Toffler (La Tercera Ola) enuncia en su texto (que data de la mitad de los 80) que “la compejidad de la tercera ola es demasiado grande para ser gestionada por una burocracia centralmente planificada. Desmasificación, personalización del consumidor, individualidad, libertad, tales son las claves del éxito para la civilización de la tercera ola…” (citado por Armand Mattelart en Historia de la Sociedad de la Información: Paidos 2002). Esto es que, la política industrial para la era del saber, debería centrarse en la supresión de las barreras a la competencia, es decir, un mundo que crea las condiciones para que la competencia sea su motor, y sobre todo a nivel de la regulación masiva de las telecomunicaciones y del procesamiento de datos….

berlin1.jpgEs decir, “un mundo sin muros” - lo que suena como interpelación dirigida a la sociedad alemana contemporanea-, donde las categorías de “horizontalidad, transparencias, fluidez, flexibilidad, autonomia de los actores, civismo, son conceptos que están a la base del paradigma central que articula las lógicas mencionadas, cuyo centro es la Empresa en cuanto propietaria del criterio de iniciativa y de rendimiento, que tiene como soporte de desarrollo y sustentabilidad el poder de las tecnologías informacionales (TIC) también llamadas tecnologías de la coordinación. De este modo el objetivo es impactar de punta a punta las relaciones sociales modernas, o de otro modo, IMPACTAR en el modo en que la humanidad se ha de socializar este milenio.

El poder que hemos conocido y a través del cual se ha estructurado el estado moderno y la empresa privada, se ha ido transformando, es decir, tomando formas y lógicas distintas, modos que modelan e intervienen actualmente el conjunto de las relaciones sociales actuales.

Una primera pregunta que podemos hacernos, al respecto: somos concientes de los cambios que ha experimentado el poder, en el contexto de esta nueva sociedad en curso? Conocemos el transfondo sociocultural, comunicacional, simbólico de las reformas neoliberales?

Se hace necesario interiorizarse de las lógicas mas profundas que permiten que este modelo se expanda, en el sentido que el capitalismo ha buscado y encuentra nuevas formas de seguir su curso de desarrollo, hoy fuertemente sustentado en las plataformas tecnológicas que permiten integrarlo todo, desfronterizando al mundo, haciendo que las nociones de lo físico, lo funcional, lo virtual a ratos pierdan sentido; provocando la integración de procesos que antes estaban segmentado fuertemente por el espacio y el tiempo, como por ejemplo los procesos de producción de bienes materiales y simbólicos que se realizan onlinea, en distintos puntos del planeta. Esto conlleva a la desaparición simbólica de los espacios “lo Internacional”, “lo Nacional”, incluso la desaparición de las nociones de globalización versus localización, conceptos que hoy son reemplazados por la idea de “lo Glocal”.

Como dice el Sociólogo catalán Manuel Castell (citado por Mattelard) “el modo de desarrollo informacional sigue siendo elaborado por y puesto al servicio de un conjunto de relaciones de propiedad con fines de acumulación y no a la inversa…esto es, un desarrollo que parece permitir la democratización de las distintas esferas de la sociedad, al plantearse la desjerarquización, pero que en términos reales, en términos de resultados, es un desarrollo que está a la mano de los que desde el poder lideran estas tecnologías y plantean los criterios de desarrollo.

portoalegre1.jpgEn este contexto de cambios, las relaciones de producción adquieren una estética que a ratos pareciera también vivir procesos de democratización: la promesa de que el aporte de todos, en un sistema de trabajo en red, lleva al beneficio de todos, esconde procedimientos que se orientan al conocimiento de la personalidad y a la evaluación de las capacidades del trabajador, sobre todo, sus capacidades de adaptación, sobre la base de una fuerte competencia, en el contexto de un mercado saturado de profesionales. Un modelo gerencial que es la base de una nueva sociedad de control, cotidiana, que tiene como estética muchas veces los criterios de flexibilidad, pero donde se esconde también la sobreexplotación del especialista, que debe resolver los problemas que le plantea su función como trabajador, más allá de las horas de trabajo por las cuales le pagan. De este modo, comenzamos a integrarnos a una sociedad de mayor control, la que vienen a reemplazar la sociedad disciplinaria que hemos conocido hasta hoy, y que ha estado regulada por el conjunto de las instituciones modernas conocidas por todos, (me refiero al estado y sus poderes, la escuela, los medios…).

Esto a modo de diagnóstico general: resumiendo. Las reformas neoliberales tienen a la base objetivos que comprometen las formas de socialización de los individuos, se trata de encauzar mutaciones respecto de formas y valores de comportamientos de los seres humanos, que permitan su desplazamiento funcional hacia un nuevo sistema productivo, el que está en curso.

A diferencia de los procesos modernizadores del siglo XIX y XX (aunque para América Latina solo se viven desde comienzo del siglo XX), estos procesos de socialización contemplan de manera planificada la concreción de unos procedimientos que permitan que la función simbólica o de otro modo, que el ámbito de lo comunicativo, sea altamente eficiente.

Como considera el Sociologo italiano Alberto Melucci vivimos un cambio de sociedad y no meramente en la sociedad. “Vivimos una sociedad que atraviesa lo que podríamos caracterizar como un momento `bisagra´, en el que los rasgos clásicos de la modernidad se diluyen progresivamente, pero inexorablemente, en tanto que todavía no aparecen dibujados con nitidez los perfiles de la nueva fase social. Lo que sí sabemos con certeza, sin embargo, es que los cambios en curso se antojan irreversibles y que afectan simultáneamente a todo el planeta y a todos los seres que en él habitan.”

En este sentido, cree que las formas de organización de la sociedad se han discontinuado con relación a sus predecesoras, a aquellas formas modernas de organización de lo social, tienden paulatinamente a desaperecer, siendo tímidamente reemplazadas por otras maneras.

Para sostener la hipótesis de la discontinuidad, los ejemplos del campo de los revolucionarios progresos logrados en la biotecnología, la genética y la neurociencias, nos permiten tener conciencia de que ni siquiera los fundamentos biológicos de la existencia se escapan de la intervención humana. La acción humana moderna se caracterizó por intervenir sobre la naturaleza externa. En los sistemas contemporáneas actúa crecientemente sobre la misma acción humana, interviene en nuestras estructuras motivacionales y biológicas.

sao2.jpgOtro rasgo que valida la hipótesis de la discontinuidad de las formas sociales radica en el análisis del proceso de individualización (Proceso de personalización trabajado a mediados de los 80 por Gilles Lipovetsky filósofo quien plantea esta tesis en su texto « La Era del Vacio »). La individualización sería la principal fuente de paradojas del presente, era donde se empieza a configurar un nuevo sujeto, menos solidario y más competitivo, fuertemente motivado por el narcisismo, es de tipo edonista, autocentrado y autoreferido.

Ahora se trata de potenciar la individualización, como ámbito estratégico para el desarrollo del sistema; esto implica, a modo de correlato, la capacidad de adquirir una identidad personal que posibilite a los individuos afrontar la cuestión ontológica de “¿quién soy yo?”. A medida que las relaciones primarias que descansan en el territorio, la etnia o la religión dan paso paulatinamente a identidades “electivas”, el triunfo del yo sobre el nosotros se convierte en incontestable.

A la base de estos cambios que plantean nuevas maneras en como la humanidad se organiza, está el recurso de la Información: “Una sociedad que utiliza la información como su recurso principal altera la estructura constitutiva de la experiencia” (Mattelart : 2002). La capacidad de adaptarse en cada momento, quién es y qué quiere, requiere, si fuese preciso, alterar su morfología. Llevar una vida tormentosa o satisfactoria, requiere de ello. Y esa es la decisión que está a la base de los compromisos sociales y políticos. El costo de la lucha, podriamos decir, hoy en día aun no lo conocemos. A lo menos, el costo de la lucha, resulta muy honeroso en relación a las posibilidades de éxito a corto y mediano plazo.

Pero en lo fundamental, lo cierto, es que comienzan a “mutar” nuestras prácticas y relaciones sociales. Más aún cuando el diagnóstico desde la sociología contemporánea se atreve a decir que “lo social” abarca todo el espacio disponible, no sólo el físico, sino también el mental y el relacional. Ya no hay nada externo a lo social, no hay tiempo ni espacio fuera de los social (Melucci: 2001)

Entonces, cuáles serián las identidades que nos congregan, en esta práctica contra la hegemonía neoliberal?

El problema de “la identidad” en un mundo descrito como de fragmentos y discontinuidades, donde todo parece mezclarse, es a lo menos, una cuestión problemática, y así, una cuestión central. Esto significa pensar la identidad como problema, cuestión no menor, en el sentido de lo que plantea como hipótesis el proyecto “El Sur de las Ciudades” y que tiene como preguntas problematizadoras algunas como las de responder cuáles son las diferencias, cuáles son los paralelos en los procesos que se están viviendo en las ciudades del norte y del sur. Es posible comparar nuestras luchas. Y si es posible…cuáles son los elementos de resistencia que tienen éxito y por qué lo tienen.

Entonces, y antes de delinear algunas ideas en torno a lo que he visto desde el Programa de Visita organizado por el ITP, debo proponer un campo de comprensión mínimo para ese análisis, el que enuncio a continuación.

La cuestión de la identidad es central. Es decir, vuelve hoy a ser interés incorporar este concepto a las prácticas cotidianas contra hegemónicas. Porque a la base de lo que hacemos hay un trasfondo común. Y en mi opinión, es la misma sociedad contemporánea la que viene a dar respuesta de esta problemática, al reconocer en los procesos que se dan hoy al interior de este tipo de sociedades complejas, donde se instala fuertemente “la diferenciación” (Melucci: 2001), en el sentido de la experiencia social. Es decir “diferenciación” como contrapunto dialéctico de Identidad.

En el actual sistema, los mismos modelos de acción no pueden transferirse de un contexto a otro sin sufrir modificaciones. Es decir, diversidades que generan movimientos, o movimientos que por su condición contemporánea generan identidades, no necesitan ser el reflejo exacto de núcleos diseminados en distintos espacios, sino, de núcleos distintos conectados gracias a su condición diversa.

Otra característica de estos sistemas es “su variabilidad”. Se constituyen y se desarrollan en permanente cambio de intensidades y frecuencias que varían y a los que los movimientos están sujetos permanentemente. La experiencia no es acumulable ni asimilable entre unos y otros.

berlin7.jpgY por último, “el campo de acción simbólicamente disponible y practicable de modo realista supera en cualquier caso las capacidades actuales del actor, de modo que todo curso de acción resulta inconmensurable en relación a la totalidad de los posibles” (Melucci :2001). Con esta última idea, situamos a estos sistemas en el campo de “la incertidumbre”, donde la experiencia y la adquisición de ésta en un lugar, no vale de mucho en otro, es decir, no es portable y más bien resulta ser una cuestión problemática lo de la transferencia de la acción social como regularidad (en términos marxistas), se hace imposible, entonces, no someterse a la elección, en el sentido que la incertidumbre se transforma en parte de la experiencia.

Podemos concluir de que la diferenciación de experiencias crean identidades, por el hecho de la existencia de un imaginario común, pero con prácticas y acciones sociales diferentes.

En ese sentido la idea de movimiento expresa notables diferencias constitutivas en aquellos que “se sienten” parte de una identidad, donde ya no son necesarias ni las declaraciones de principio ni menos las declaraciones de fines. Porque elegir significa optar y ello significa una pérdida:

“Estamos pues, destinados a elegir y a decidir. Pero si decidir significa literalmente cortar, entonces la posibilidad de la pérdida entra a formar parte del horizonte cotidiano. Adquirir experiencia, actuar, encontrarse con los otros y con el mundo enlazan con la posibilidad de pérdida”(Melucci: 2001).

En este sentido, la acción de los grupos, que son acciones en tanto sujetos de identidad, es siempre precaria, y no por ello entiéndase carentes; ellos se constituyen por una pérdida de ciertos espacios que pertenecen a otros; privados unos de aquellos, es lo que los lanza a la conquista de una alternativa a lo ya usurpado: el derecho a comunicar, por ejemplo, como prerrogativa de algunos, se manifiesta como una pérdida que es sólo posible de rehacer en la acción que los identifica. El derecho a la vivienda, como prerrogativa de los que tienen el dinero para comprarla, se manifiesta en una pérdida que solo es posible rehacer a través de la ocupación colectiva. Es decir, la condición de sujetos en medio de la sociedad de la información, es sólo realizable bajo esa medida, y en esas reglas del juego.

Estos actores sociales, como por ejemplo los que en Chile se organizan en torno al derecho a comunicar, son individualidades que se dotan de recursos para ejercer ese derecho, derecho perdido como individuos, negación de la facultad de expresar, derecho que transformado en acción los constituye desde una motivación personal, de individuos, a la de actor social.

De esta forma el problema de la identidad se aborda amigablemente como pérdida, en tanto “condición permanente de la experiencia contemporánea”. Y entonces, las preguntas formuladas debemos responderla desde un marco que mira la acción social colectiva desde una contemporaneidad que la define: ¿En qué se transforma entonces la identidad? La cuestión de quiénes somos o de quién soy aparece como interrogante para nada superficial. Lo importante es entender que ya no se nos puede identificar por completo, ni tampoco de manera estable.

La era de la información y de los sistemas complejos son en sí fuertemente inciertos, menos diacrónicos y en definitiva más asociados a la experiencia establecida en el día a día, donde los rasgos distintivos se juegan en la acción, movimiento que no garantiza para nada la permanencia de esas identidades.

Las transformaciones mencionadas nos alejan cada vez más de la idea de un sujeto o de un actor que tendría un núcleo fuerte definido metafísicamente y desplazan la atención hacia los procesos a través de los cuales los individuos o los grupos, “construyen” eso que, con cierta dificultad, continuamos denominando su identidad. Identidad que se genera de manera distinta y también distante, pero donde, por su diferenciación, también nos entregan la potencia de saber que si bien nuestras luchas no son iguales, porque los que luchan tienen experiencias distintas, son en el contexto de un sistema que se ha globalizado. Y esto abre perspectivas más realistas, incluso, perspectivas que en el contexto de nuestras utopias y esperanzas se acercan más a ser realizables, porque el sistema en su base, a dispuesto de una estructura que tiende a obviar las distancias y los tiempos: el factor de lo simbólico tiene entonces un lugar estratégico, en el sentido que la acción que emerge pierde materialidad, en tanto se incerta en el marco de la representatividad.

De otro modo: por qué las luchas de hombres y mujeres deberían tener semejanzas en términos formales? Lo que importa es la esencia de esas luchas, es decir, saber cuales son los elementos que están a la base de éstas y en este sentido, sí podemos encontrar identidad dura: el tránsito de una sociedad donde la Información es su producto último, que tiene como procedimiento de realización o sistema de producción al neoliberalismo, en términos clásicos, neoliberalismo tanto a nivel de la superestructura como de la infraestructura, plantea cuestiones éticas, fundamentales, que dan contenido a nuestras luchas.

Por ello, la salida que propone para discutir Michael, de concentrarse en los aspectos simbólicos de la problemática, en mi opinión, tiene implicancias estratégicas, a saber, por lo siguiente:

1) Diferencias de desarrollo concreto de las sociedades.
El estado de desarrollo alcanzado por Alemania plantea problemas que en Chile no se dan, en tanto el neoliberalismo irrumpe como acción modernizadora de un país subdesarrollado. En Chile, con Allende se logran niveles de equidad al estilo SD alemana, pero con contingentes pobres que aun no logran salir de esa situación social, económica y cultural. Las reformas neoliberales implantadas por Pinochet y su régimen dictatorial, someten a la reprivatización de una economía que había vivido reformas del estilo “nacionalización y estatización” de empresas y recursos.

chile-2.jpgLas políticas de los Chicago Boys vienen a refundar la sociedad capitalista, sobre un estado altamente represor, donde la organización política y social ha sido diezmada fuertemente por la represión: los sindicatos son ilegalizados, los dirigentes políticos y sociales asesinados, desaparecidos a enviados a exilio. De ese modo, la privatización del seguro de previsión social y el seguro de salud, encuentran las condiciones óptimas.

Además, se agrega la desindustrialización progresiva, acción orientada a hacer de Chile un país donde el capital financiero encuentra condiciones amplias de desarrollo, orientado a la globalización de la producción material, creándose leyes que de manera sumaria, antidemocrática, garantizaran en el tiempo la viabilidad del nuevo sistema. Ese es el logro de la dictadura militar de Pinochet, en tanto crea un poder legislativo (Junta Militar) que va dando “legalidad” a las medidas estructurales que comienzan a ejecutarse en plena dictadura.

Una segunda gran reforma se orienta a la educación. La Educación Pública, logros que resultan desde la implementación del Sistema Público de Educación, por los gobiernos de Frentes Populares dirigidos por el Partido Radical desde fines del 30 y que son profundizados por el Gobierno del Presidente Allende, se ve también sometida a reformas de forma y contenido. Las escuelas y liceos del país son municipalizados, es decir, pasan a depender de los municipios, los que hasta el día de hoy tienen una fuerte diferenciación en el país. Los hay con más recursos y los hay con menos. La educación superior es intervenida y tienden a desaparecer las carreras humanistas (sociologia, psicologia, periodismo). Se acentúa una educación superior orientada a la tecnocracia, rasgos que en la última década vuelve a aparecer.

Por otro lado, el golpe maestro orientado a la privatización de la industria del cobre (nacionalizada con Allende) con su reprivatización; y, el empobrecimiento de la Salud Pública y la emergencia de clínicas privadas que se sustentan en la Ley de Instituciones de Salud Privada donde cotizan más de la mitad de los chilenos, como alternativa a un sistema público de salud cada vez más precario. A este panorama hay que sumar, los últimos procesos que de manera paulatina fueron privatizando las empresas de servicios básicos, proceso concluido en plena transición democrática bajo el gobierno de Eduardo Frei (las electricas, aguas y gas).

A esto se agraga una ley en el plano de las telecomunicaciones (para la radio y la televisión y otros medios electrónicos de comunicación), que el ano 82 entrega las concesiones de frecuencias radiales a consorcios privados para su explotación por 25 años. Recientemente, el año 2003, le agregan 8 años mas de prorroga a los empresarios de la radiodifusión para seguir explotando estas frecuencias.

El clima de inseguridad, discurso propiciado por la derecha y que la propia Concertación Democrática (alianza oficialista de centro izquierda) muchas veces lo sostiene, ha naturalizado una suerte de control social en el espacio público de las calles, avenidas, paseos y parques de las grandes ciudades: cámaras de circuito cerrado, guardias privados, más el propio contingente de la policia chilena, vigilan la seguridad de los chilenos y chilenas. Los Mall, como espacio de desarrollo de la sociedad de consumo, se levantan como grandes centros de esparcimiento, permitiendo con ello, el acceso material y simbólico al mundo neoliberal, que a la base tiene la cultura del consumo.

A nivel del sistema político electoral, éste ha sido heredado de la constitución pinochetista. Está diseñado para la expresión solo de grandes bloques, excluyendo a varios sectores de la sociedad de la representación parlamentaria (Sistema Binominal). Hace un mes atrás, se ha reformado la constitución, restituyendo el poder presidencial de reemplazar el alto mando de las fuerzas armadas, y aboliendo a los denominados Senadores Institucionales o designados (cargo que obtenta Pinochet, por cierto).

El clima simbólico a nivel de la opinión pública, es privatizado a través de las operaciones que las líneas editoriales de los medios llevan a cabo a partir de considerar actores de la opinión pública mediática tan solo al Gobierno, los partidos políticos con representación parlamentaria (quedando excluida de la esfera medial a la izquierda extraparlamentaria y otros actores políticos, sociales y culturales), opinión pública fuertemente hegemonizada por el discurso de partidos políticos representados en el Parlamento, especialistas y empresarios. En ese sentido, existe una usurpación respecto de lo que podemos denominar espacios de opinión pública: espacio que es hegemonizado por los intereses de quienes organizan los negocios, y la política en torno a los negocios, en el contexto del neoliberalismo.

2)Procesos que implican cierta ilusión democratizadora que otorga la sociedad de consumo en cuanto a que permite que Chile, sus habitantes, tengan un “desarrollo” sustentado en el acceso a bienes simbólicos y materiales como a la telefonia, el acceso al consumo de electrodomésticos, el acceso al consumo del ocio privatizado que expenden restaurantes, cines y la industria cultural en general. Ilusión democratizadora que se incorporan cotidianamente, ocupando el lugar que paulatinamente ha ido dejando las políticas social demócratas orientadas hacia la concreción del Ideal Moderno Burgués, que marcaron los gobiernos pre dictadura. Es decir, se empobrece Europa, a costa de la clase media y de los migrantes y desocupados. Recordemos que los paises de latinoamerica aun tiene grandes brechas en torno a población marginal. Y en latinoamerica, grandes masas acceden al consumo, sobre la base de una fuerte desigualdad en el ingreso, que de manera funcional y precaria, incorpora a una importante masa a la acción de un consumo fuertemente diferenciado.


3)Se desarrollan políticas públicas orientadas a «administrar la pobreza» con los propósitos de lograr niveles de vida digna « aceptables », en el contexto de una sociedad marcada por la concentración de la riqueza en la clase empresarial y sus tecnócratas. Pienso, como una primera impresión, que en Alemania, empiezan a verse procesos que se orientan del mismo modo, como reemplazo a las políticas del Estado Benefactor: subsidios, proyectos de autoayuda financiados por los Estados. No por ello quiero olvidar que el desarrollo de Alemania ha sido distinto tanto en su proceso temporal como en sus estrategias político económicas.

4)A nivel de la organización social y política, éstos se orientan en Chile a centrarse en la organización ciudadana, más que en torno a la política reivindicativa tipo sociedad moderna, y corresponden más a luchas por los derechos de los consumidores, mas que aquellos orientados a la dimensión política ciudadana. En este sentido, las experiencias de ocupantes de edificios en Berlín, muestran una radicalidad importante, que a ratos se confunde por las fricción entre la lógica por el derecho a la vivienda – con las lógicas por el derecho a los « estilos de vida alternativos ». Las luchas se han ido autonomizando en varios campos: luchas en el ámbito de la cultura y el derecho a la comunicación (de orden mas general); luchas por los derechos como consumidores (es decir, que existan leyes que reglamenten los derechos de unos y los deberes de otros); luchas políticas, cada día más localizadas a coyunturas que el propio espectáculo de la política pone en agenda: por ejemplo, algunas leyes en torno al trabajo (mínimas reivindicaciones), derechos sexuales y reproductivos; orientadas a ser una sociedad mas tolerable; y luchas gremiales reivindicativas que no alcanzan a transformarse en luchas de corte político y que congregue adhesiones a nivel de País. Es decir, luchas fragmentadas, donde hay distancias entre unos campos de lucha y otros; disgregaciones, sentidos de identidad y pertenencias específicas: las luchas a la medida de cada uno.

portoalegre2.jpg5)La diferenciación del proceso entre una sociedad altamente desarrollada, como la alemana, y aquellas en vías de desarrollo, plantean motivaciones y aspectos objetivos que las hacen distinguirse, lo que no implica no poder comprenderlas ni menos no pensar en la solidaridad y “el internacionalismo” de las mismas, en el sentido que, por ejemplo, la privatización de los espacios físicos públicos, se llevan a cabo de maneras más subreticias, de difícil reconocimiento, bajo procesos de naturalización y desnaturalización de la vida cotidiana. En este sentido, el neoliberalismo europeo trabaja el simbólico bajo procedimientos de gestión distintos a los que se viven en Chile. Es decir, hay una sobreelitización de ciertos espacios, se segrega y se segmenta para quienes tienen un poder adquisitivo bueno; se reconstruyen espacios pensando en que hay una gran masa de personas con importante poder adquisitivo. En nuestros países, los procesos orientados al consumo deben anclarse en la diferenciación, en el sentido de que la diferenciación en el ingreso es más radical. Los sectores medios se han empobrecido y disminuyen. Y los ingresos per capita más altos están fuertemente localizado en un quintil.

La vida cotidiana se juega en la factibilidad práctica de permitir lo diverso, en un sistema que se mueve ambiguamente entre la segregación y la tolerancia. Pero el Mercado requiere el concurso de todos. Por ello, y como un signo de contradicción potente, los procesos de privatización de los espacios públicos en Alemania se orientan a la homogeneidad, es decir, una reestructuración elítica, de corto fascista si extremamos la opinión. El caso de Sony Center es paradigmático. En Chile, lo son también algunos reductos como los Mall construidos en sectores de la Clase Alta, pero el mercado también ha construido los mismos íconos de la sociedad de consumo en sectores de clase media cercanos a zonas más populares. El consumo debe organizarse de manera inteligente, flexible, democrático.

6)Políticas orientadas a resistir, en el contexto de una transición necesaria orientada al logro de nuevas articulaciones, en el contexto de una sociedad occidental global.
Es decir, regenerar identidades en torno a luchas que tienen motivaciones diferentes, pero que a la base tienen un sistema, que a nivel simbólico busca nuevas formas de control, para su sustentabilidad futura. Es decir, la lucha se juega en el campo de lo simbólico, por dos motivos:

a) porque el neoliberalismo, en mi opinión, busca el control de desplazamiento por un lado y de expresión de la subjetividad pública de la gente orientada al campo de lo privado; y por otro lado, en el sentido que las luchas políticas requieren de imaginarios y representaciones, que deben ser distintas a las que genero la tradición de las luchas emancipadores del siglo XIX y XX, justamente porque hoy la lucha estratégica esta en el campo de las mentalidades, y los símbolos tradicionales de la lucha de los pueblos han sido vaciados y trastocados: el cambio es un paradigma fuertemente asumido por la empresa privada y sus líderes.

b) Y es necesario rehacer las solidaridades y las articulaciones de las luchas, que siendo diferentes, pueden retroalimentarse en torno a las subjetividades que nos permiten pensar que «otro mundo es posible«.

Audio 

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Referencias bibliográficas:

Mattelard, A : Historia de la Sociedad de la Información. Paidos. Buenos Aires. 2002.

Melucci, A: Vivencias y convivencias. Teoría social para una era de la información. Editorial Trotta. Madrid. 2001.

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Leonel Yáñez Uribe, Periodista/ Magister en Comunicación Social. Docente de la Universidad Bolivariana de Santiago

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